domingo 18 de diciembre de 2011

La ley del embudo. Ellos y tú.

El texto que va a continuación no es mío sino de un buen amigo. Un buen amigo que puso en palabras de un modo certero y magistral todo lo que pienso acerca de esa regla no escrita que parece afectarnos a la mitad de la población: la ley del embudo. La otra mitad, está claro, se beneficia de ella.

Él nunca llegó a hacer público este texto, sin embargo en mi opinión debería ser de lectura obligatoria para la mayoría de la gente. Aunque los que se benefician de esta ley ni siquiera se sentirán aludidos (porque, por supuesto, ellos jamás pensarán que su comportamiento pueda estar equivocado).

Cada vez estoy más harta de la actitud y el comportamiento de mucha de la gente que me rodea. Y cada vez me callo menos, lo cual provoca que esa misma gente, acostumbrada a que gilipollas como yo nunca abramos la boca, para colmo monten en cólera. Manda huevos.

Ya lo dije en los agradecimientos del último libro que publiqué hace más de cuatro años y lo seguiré diciendo siempre: la susceptibilidad siempre nace de la mala conciencia. Y yo tengo la conciencia muy tranquila. Los demás supongo que ni siquiera tienen conciencia.

"Desde que tengo uso de razón critiqué a la gente superficial que sólo tenía amigos para salir de marcha y tomar copas y que sólo follaban con simples conocidos que nunca llegaban a ser algo más, que jamás se implicaban en nada que tuviera que ver con alguien.

No obstante he llegado a comprenderlos. Cada día que pasa los entiendo más. Su filosofía de vida es mucho más sencilla. Más fácil. Pues no hay tarea más infructuosa y menos agradecida que la de cultivar las relaciones humanas. Con esto, por supuesto, no quiero decir que todo el mundo sea igual y que no tenga relaciones de cuyo cultivo me sienta orgulloso. Ni siquiera pretendo afirmar que de ahora en adelante dejaré de implicarme en las relaciones que sostenga. Sólo me limito a señalar lo infinitamente descorazonador que resulta relacionarte en un mundo lleno de personas ombliguistas y hostiles, que nunca entienden lo que les quieres decir y cuyo afán más importante es hacer que impere una ley del embudo, favorable a sus intereses, por supuesto.

Ellos pueden sentirse mal, pueden pasarse meses llorando por la persona a la que han perdido. Tú no. Lo de ellos es amor, un amor desaforado que no pueden controlar y del que se sienten esclavos, por eso sufren tanto. Lo tuyo no. Lo tuyo es una tontería adolescente, nada serio, algo a lo que no puedes dar importancia.

Ellos pueden pasarse semanas enteras llorando mientras tú les apartas las lágrimas y les escuchas, por más que lo que te estén contando se esté repitiendo, por más que sea la enésima vez que escuchas lo mismo, te callas y aguantas estoicamente porque sabes que hay cosas que necesitan ser repetidas mil veces. Pero si lo haces tú eres un pesado que se aferra al pasado y que no consigue pasar página.

Ellos pueden emborracharse para ahogar las penas y tú estarás al lado de ellos esperando a que exploten en algún momento de la noche y rompan a llorar. Tú no, tú tienes que ser una persona madura que no hace esas cosas y que no se emborracha porque la solución a los problemas no es el alcohol.

Ellos pueden llamarte a las tres de la mañana si se encuentran mal. Si lo haces tú, eres un paranoico obsesivo que debería dormir.

Ellos pueden pasarse años hablando de la misma persona que les dio la espalda. Si tú lo haces es que te aferras al pasado y tienes un problema.

Ellos pueden tener un mal día y mandarte a tomar por culo a la primera de cambio, cosa por la que no te puedes enfadar. Tú, si no sonríes las veinticuatro horas, es que tienes un problema depresivo que está haciendo que seas un amargado de por vida.

Ellos pueden meterse en tu vida y decirte cómo tienes que hacer las cosas, lo que deberías estar haciendo en todo momento para que tu vida sea mejor. Pero ay de ti si un día osas dejar escapar de tu boquita una opinión que no vaya acorde con lo que ellos quieren escuchar.

Ellos pueden tirarse a media provincia si hace falta y tener millones de relaciones fallidas porque están buscando al amor de su vida. Pero si lo haces tú serás una puta que mendiga caricias y afecto en brazos de desconocidos y que repite patrones de conducta.

Ellos pueden enfadarse si se encuentran mal y no los has llamado para comprobar cómo estaban. Ellos ni siquiera saben cuándo tú estás mal porque o bien no lo saben ver o bien, cuando vas a decirlo de viva voz, le quitan importancia a tus problemas con desdén y ponen por encima los suyos (ésos sí que son problemas).

Ellos pueden cometer errores mientras tú les das cuartelillo porque asumes que todo el mundo puede equivocarse y nadie es perfecto. Hasta le quitas importancia a sus errores, los dejas pasar. Pero si te equivocas tú tendrás que soportar que durante años te lo estén restregando por la cara y que en cada discusión lo utilicen para llevar la razón por cojones, aunque con el recordatorio te estén haciendo daño.

Ellos pueden quejarse de lo mal que les va en sus vidas. Si lo haces tú, es que te estás haciendo el mártir y la víctima.

A ellos les puede ir mal en sus relaciones y te lo relatarán mientras esperan consuelo. Si tú haces lo mismo no tienes por qué quejarte porque esas situaciones las has provocado tú. Ellos se han visto arrastrados por la vorágine pero tú has conseguido que te pase lo que te pasa porque te has expuesto a eso y es tu responsabilidad, así que deja de quejarte y afróntalo.

Ellos pueden criticar y despotricar contra el mundo que les rodea porque no les parece justo o porque se sienten mal. Si lo haces tú es que te estás envenenando y acabarás mal.

Ellos se sienten muy dolidos si no asistes a una reunión que han organizado porque tú deberías estar ahí con tus amigos, dónde vas a estar mejor, cómo vas a tener otros planes. Pero si un día les llamas porque te encuentras mal y necesitas irte de cervezas y salir de casa sea como sea, ellos te dirán que están ocupados, o que van a pasar tiempo con sus parejas. Y nadie podrá decirles nada porque están en su derecho de emplear su tiempo libre como les plazca.

Ellos pueden ponerse bordes a la hora de hablar porque es su tono de voz. Tú te pasas si dices un taco o utilizas la ironía.

Ellos pueden pasar de ti si les surge un plan mejor o si no les apetece salir, y tú lo entiendes, cada uno hace lo que quiere con su tiempo libre, insisto. Pero tú siempre tienes que estar listo para cualquier plan que ellos propongan o si a ellos les apetece salir, o si a ellos les apetece estar veintiocho horas hablando sobre la uña del dedo gordo de su pie izquierdo. Luego, cuando rechacen diez de tus planes y te acostumbren a que sean ellos quienes propongan porque nada de lo que dices para hacer les parece bien, la resulta es que tú nunca propones planes y, por eso, sacan la conclusión de que no quieres pasar tiempo con ellos y tomas, flípalo, la posición fácil de que te llamen. Y digo flípalo porque estás hasta la polla de enviar mensajes los viernes y los sábados para salir a tomar una copa o cenar y que no te conteste ni Vodafone Publicidad.

Ellos pueden tener muchas cosas que hacer y estar la mar de ocupadísimos. Tú tienes que ser un Seven Eleven: siempre dispuesto.

Ellos pueden encerrarse en sí mismos porque lo necesitan y no hablar con nadie. Si lo haces tú, terminarás solo por los siglos de los siglos porque estás apartando a las personas que te quieren de tu lado.

Ellos pueden tener otros amigos especiales, otros mejores amigos, con los que tienen una relación más estrecha que contigo. Es normal, ¿no? Nunca pretendiste ser lo más de lo más en la vida de nadie. Pero tú no puedes tener otros amigos especiales. Ellos han de ocupar los primeros puestos en tus prioridades.

Si hay una pelea, tú tienes que pedir perdón, porque ellos son así y te quieren y nada de lo que te han dicho ha sido de mala fe. Si esperas que ellos te pidan perdón por algo que a ti te ha dolido, te aconsejo que te compres una silla para sentarte y una escoba para ir barriendo el desierto como método de entretenimiento.

Si te encuentras en una situación grave, ellos te reprocharán el montón de cosas que haces mal. Pero si ellos se encuentran en el futuro en la misma situación, en su caso siempre será distinto.

Ellos pueden estallar y mandarte a la mierda sin motivo. Si lo haces tú, sea sin motivo o con él, es que eres un intransigente con el que no se puede hablar, que no quiere razonar y que no se responsabiliza de sus problemas.

Ellos pueden evitar hablar de un problema porque se encuentran cansados o no les apetece discutir. Si lo haces tú es que no te enfrentas cara a cara a la realidad.

Ellos pueden decir las cosas malas que creen ver en ti porque están siendo sinceros. Incluso pueden hacerlo en forma de ataque. Y si alguien dice cosas buenas por otro lado, ellos se vanagloriarán y dirán que los otros sólo te están dorando la píldora y que no son tus amigos de verdad. Si tú expresas algo que te molesta, el problema es tuyo, porque ellos son así y no van a cambiar.

Ellos pueden exigir más y más de ti hasta exprimirte. Pero si tú exiges que ellos hagan contigo lo mismo que tú haces con ellos, es que no entiendes el concepto de la palabra amistad.

Pues bien, ha llegado el momento de que ellos dejen de practicar la ley del embudo y de que tú te pongas en tu sitio de una maldita vez. Porque mereces el mismo trato que das y que se te tome en serio. Y porque ya te has cansado de que te tomen por el pito del sereno".