sábado 31 de diciembre de 2011

Hasta nunca 2011

Se acaba otro año. Otro año más. Pero sería injusto decir que ha sido el peor de mi vida. Sería injusto porque hay otros 32 en dura pugna por alzarse con ese título. No obstante siempre recordamos lo que más cerca nos queda. Y, si de mí hubiera dependido, me habría acostado el 31 de diciembre de 2010 para despertarme el 1 de enero de 2012 y, creedme, habría valido la pena. Hubiera valido más la pena pasar este año en coma que haberlo vivido y haberme dado cuenta (una vez más) de la podredumbre que se esconde tras esas sonrisas que parecen cargadas de buenas intenciones. Buenas intenciones ¡y una mierda!

Mi nivel de hartazgo ha llegado a límites que incluso yo creía inconcebibles. Y mira que yo intento poner buena cara, tomarme las cosas con humor (y con ironía y sarcasmo que si no, me muero), incluso de ilusionarme ante determinados sucesos... Pues no hay tu tía, a la que me descuido, ¡pumba! otra hostia.

Por tanto mi grito de guerra se ha sintetizado en un gran, enorme y conciso ¡que os jodan!

A esa familia que no es familia ni es nada (y menos porque lo digan algunos marcadores genéticos): ¡Que os jodan!

A esos amigos de tantos años que han escurrido el bulto, no ya cuando los necesitaba sino mucho antes: ¡Que os jodan!

A los que me critican salvajemente, se compadecen de mí o me insultan (como algunos comentaristas anónimos —y cobardes— de algunos post recientes): ¡Que os jodan! ¡Y mucho!

A esas personas que me muestran buena cara para luego montar algún pifostio y echarme la culpa a mí: ¡Que os jodan!

A todos los que han tratado y todavía hoy tratan de hacerme daño y ponerme la zancadilla: ¡Que os jodan!

Y a todos los que en el pasado, presente o futuro puedan incluirse en las anteriores categorías y a modo de revulsivo: ¡Que os jodan!

Por otra parte a todos los amigos, nuevos y antiguos, que han permanecido a mi lado y me han ayudado en la medida en la que han podido (incluso con una simple conversación), a toda la gente que me ha dado techo y cobijo, que ha compartido su comida, su tabaco, su tiempo y toda su persona conmigo, a los que han conseguido que, aunque fuera por un rato, volviera a sentirme bien y llegara a sentirme otra vez como un ser humano completo, a los que han cuidado a mi perro aquellos dos meses en los que yo no pude y lo hicieron desinteresadamente sin perdirme nada a cambio, a todos ellos: ¡Gracias! Gracias una y mil veces porque sois los únicos que todavía me hacéis creer que merece la pena vivir esta vida de mierda. Y eso vale más que cualquier otra cosa material.

Nos vemos durante este 2012 (al menos hasta el 22 de diciembre, que luego dicen que se acaba el mundo).

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Te entiendo, quizá no exactamente lo que te ocurre, pero yo tengo esa misma sensación, probablemente por distintos motivos aunque si lo resumo se convertirán en iguales. Ánimo tú vales mas que ellos.