Hay un dicho que reza que las opiniones son como los culos, todo el mundo tiene una. Y, como cada año por estas fechas, mucha gente ha recordado que tiene algo entre la espalda y las piernas, justo en su centro de gravedad, y ha decidido enseñarlo al mundo.La red se llena de artículos y opiniones acerca del Orgullo. Y yo empiezo a estar un poco hasta el moño de que los argumentos sigan siendo los mismos de siempre, tan pobres y patéticos, tan extremadamente subjetivos y arbitrarios.
Por ello, y como yo también tengo un culo (un gran y enorme culo, he de añadir), voy a hacer una lista de mis propias apreciaciones sobre esta manida polémica.
Sí, el Orgullo es una manifestación. Y sí, también es una fiesta, una cabalgata, un desfile y muchas cosas más. Cada uno se manifiesta como quiere y puede. Y no por ello trata de representar a todo el mundo. Cada individuo se representa a sí mismo y a nadie más. Si os jode la imagen que se da del "colectivo", echad la culpa a los medios de comunicación, preocupados únicamente en sacar a estrafalarias drag queens o lederonas con el culo al aire. Estos últimos no hacen daño a nadie, los primeros sí. Y mucho.
No, una manifestación "seria" con todos vestidos con ropa de calle no daría el mismo resultado. Esas manifestaciones no llaman la atención, se pierden en la memoria colectiva. La música, las carrozas, los chulazos, las plumas y las lentejuelas proporcionan espectáculo, que es lo que el público quiere. Y entre canción y canción queda bien patente que estamos aquí, mezclados en la sociedad. Además, sólo saber los soponcios y calentones reprimidos que provocamos en esa "mayoría moral" hipócrita e intolerante, bien vale unos cuantos cuerpos musculosos llenos de aceite Johnsons.
Lo que sería necesario es explicar una y otra vez el origen de estas manifestaciones para evitar que muchos jovencitos digan que es porque "hace buen tiempo". Contemos a todo el mundo los disturbios de Stonewall en el 69. Contemos que quienes dieron la cara y se plantaron frente a la policía fueron travestis y locazas. Justo el mismo tipo de personas que muchos liberogays querrían fuera de estas celebraciones. La hipocresía está tanto fuera como dentro del colectivo gay. No lo olvidemos. Si somos iguales en lo bueno, también lo somos en lo malo.
En cuanto a la última parte del punto anterior, es necesario ahondar más. La discriminación existe en el colectivo LGBTQ. Los gays machotes discriminan a los gays con pluma. Las lesbianas femme a las lesbianas butch. La mayoría lo hace con los bisexuales, a quienes consideran simples traidores que se llevan lo mejor de dos mundos o meros maricas/bolleras reprimid@s, incapaces de aceptar su verdadera sexualidad. No nos separemos, no nos discriminemos entre nosotros. Unámonos todo lo que podamos. No podemos olvidar que nuestros detractores hacen piña y se mantienen unidos frente a nosotros. Eso es lo que les hace fuertes. Hagamos lo mismo. Hagámonos fuertes para luchar contra ellos y su homofobia recalcitrante.
Lo de las celebraciones en el barrio de Chueca es de juzgado de guardia. Lo de los conciertos con auriculares es patético y una demostración más de que siempre acabamos tragando con todo. En Madrid y en toda España se celebran fiestas en las que se hace mucho ruido. Cuando ganó el PP se montó una gran algarabía con música y ruido hasta muy tarde sin importar que a menos de cincuenta metros había una residencia de ancianos. Cuando España ganó el Mundial, el centro de Madrid se convirtió en una gran e inmensa fiesta que se prolongó hasta el amanecer de la cual nadie se quejó. Lo mismo ocurre con otras victorias de equipos de fútbol, manifestaciones, concentraciones, procesiones o la inminente visita del tipo ese de blanco que vive en el Vaticano. Tres o cuatro días de fiesta en uno de los barrios más emblemáticos de Madrid no deberían suponer tanto problema. Y no me cansaré de recordar que el colectivo LGTBQ ha sido el único en crear unas celebraciones multitudinarias sin necesidad de echar mano ni de la religión ni del patriotismo.
Si no quieren nuestros ruidos, tampoco deberíamos darles nuestro dinero. El homófobo medio que, además, tiene poder para impedir las fiestas se encuentra en una grave disyuntiva moral. En un lado de la balanza nos encontramos nosotros, desviados y depravados; en la otra se colocan los pingües beneficios que generamos. Las fiestas del Orgullo en Madrid suponen el balón de oxígeno económico de hoteles, restaurantes y todo tipo de comercios. Frenar esa entrada de beneficios (porque mucha gente, ante toda la movida que ha habido, decidió cancelar sus viajes a Madrid) en una época de grave crisis económica es de ser muy tarugo. Si no nos aceptan deberíamos darles donde más les duele: el bolsillo. Por muy radical que fuera la idea, yo habría optado por cancelar todas las celebraciones y empezar a poner denuncias contra toda fiesta patronal que se celebre a causa de sus "ruidos y molestias".
La negativa a que los bares saquen barras a la calle, las limitaciones de escenarios y demás trabas impuestas lo único que conseguirán es que las calles de Chueca se transformen en un macrobotellón. Y un macrobotellón con los ánimos alterados puede acabar muy mal. Quizá sea eso lo que quieren para poder decir después: "¿Ves? Si es que no se les puede permitir nada".
Debemos tener mucho cuidado. La intención del Ayuntamiento es muy clara: sacar las fiestas de Chueca y llevarlas a la Casa de Campo donde maricas, bolleras y traviesos no molestemos. La diversificación de eventos tuvo su razón de ser en sus inicios puesto que la afluencia de público era mucho mayor que el espacio en las estrechas calles del centro. A eso se agarraron los homófobos peperos y ahora tratan de que esas estrechas calles se queden vacías. No podemos permitirlo. Chueca es nuestro buque insignia, un espacio de libertad conquistado poco a poco a lo largo de muchos años que representa, a su vez, todo lo que el colectivo LGTBQ ha ido consiguiendo durante esos mismos años en materia de derechos. Renunciar a Chueca, por muy metafórico que pueda sonar, es renunciar a esos mismos derechos que tanto nos ha costado conseguir.
Tampoco podemos olvidar que, si se cumplen los pronósticos, el año que viene por estas fechas el Partido Popular, con Mariano Rajoy a la cabeza, estará gobernando España. El mismo partido y el mismo dirigente que desde 2005 mantienen un recurso de inconstitucionalidad contra el mal llamado matrimonio homosexual (digo mal llamado porque, recordemos, no se promulgó una ley con dicho nombre sino que se introdujo una reforma en el Código Civil con la que se cambió la fórmula "marido y mujer" por "conyuges"). El mismo partido y el mismo dirigente que no han tenido reparos en decir (sin que se les cayera la cara de vergüenza) que piensan pasarse por el escroto lo que diga el Tribunal Constitucional y dar marcha atrás en esa reforma (y en otras muchas) para convertir a la sociedad española en lo que ellos quieren: una sociedad más parecida al tardofranquismo previo a la transición que a un país democrático del siglo XXI. ¿Qué haremos entonces? ¿Nos iremos como mansos borreguitos a celebrar silenciosamente nuestras fiestas a un descampado de las afueras de Madrid? ¿Aceptaremos sin más dejar de llamar marido o mujer a nuestras parejas, con las que nos hemos casado legalmente? ¿Callaremos a cambio de cuatro migajas?
En un momento en el que una gran parte de la sociedad se ha levantado contra la clase política y ha sido capaz de movilizar durante casi un mes a una importante cantidad de gente, es verdaderamente indignante que el único colectivo que en las últimas tres décadas ha estado luchando por sus derechos se quede callado en un rincón. Nosotros también deberíamos estar indignados. Y por partida doble, además. Indignados porque, como españolitos de a pie que somos, también nos afecta el paro y la crisis económica. E indignados otra vez porque la clase política que amenaza con gobernar nuestro país no sólo nos va a joder el curro y el bolsillo sino que pretenden anularnos como personas y ciudadanos. Entonces es cuando hará falta una manifestación sin lentejuelas. Una manifestación masiva, una negativa a pasar por el aro. Si no tenemos los mismos derechos que el resto, que no nos quiten dinero de la nómina ni nos obliguen a hacer la declaración. Que no nos hagan pagar ni el IBI ni las tasas de basuras ni ningún otro impuesto. Sin derechos no hay dinero.
Acabo de ver un vídeo sobre el fiasco de los conciertos con auriculares que finalizaba con las declaraciones de un muchacho que decía: "Bueno, da igual, son las fiestas del Orgullo". Muy triste. No da igual, se empieza cohartando el derecho a unas inofensivas fiestas (muy similares en ruido y aglomeraciones a las intocables de San Isidro o la Verbena de la Paloma) y se acaba tirando por el desagüe unas leyes que nos convirtieron en referente mundial en materia de avances legales por la igualdad.
Así que mañana tocará salir a la cabalgata, desfile, manifestación o como cada cual quiera llamarla. Del mismo modo que cada cual acudirá vestido como quiera, representándose únicamente a sí mismo. Celebraremos la fiesta, beberemos y nos acostaremos, sólos o acompañados, al amanecer. Pero algunos lo haremos con la sensación de que quizá sea la última vez que podamos hacerlo porque quizá el año que viene volvamos a ser ciudadanos de segunda clase.
¿De verdad estamos dispuestos a dejar que eso ocurra?

4 comentarios:
sobre lo de chueca se comenta por ahí que no existe tal denuncia, se dice que es un invento de la botella y sus secuaces y la manía esa que tiene de separar las peras y las manzanas.
sin unidad harán nos aplastarán :((
feliz orgullo!!!
Apoyo completamente todo lo dicho por la Sita Morán, es más creo quefalta un "a las barricadas" y un "pasadme la botella de gasofa para quemar el ayuntamiento" pero eso son solo opiniones mías, que como se bien dice al principio, yo también tengo culo!!! Un besazo enorme para vos, guapa y un abrazo fuerte para todo el colectivo!!!!
Buenísimo.
terriblemente cierto... desde hace un par de años por acá (Argentina) viene tratando de imponerse esa idea de festejo aséptico, de normalización, de "abolición por decreto de nuesta y nuestras diferencias"... incluso propulsada por miembros de nuestra comunidad lgbtttiq,lo que lo hace más vergonzoso todavía
y desde luego son muchos más los hetero que pretenden "tolerarnos" siempre y cuando no armemos bulla, nos quedemos puertas para adentro y nos asemejemos cada vez más a ellos, así, si todos somos iguales, YA tenemso todos lso mismos derechos y no hay nada por lo que luchar...
saludos!
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