viernes 1 de abril de 2011

La homofobia silenciosa

Sin ninguna duda la peor homofobia es la silenciosa. Esa que no te agrede ni física ni verbalmente pero sí con la ignorancia y el prejuicio arraigado en las mentes de quiénes no moverán ni un dedo (mucho menos una neurona) por tratar de entender lo que en el fondo es muy simple: todos somos personas.

Y aún más dolorosa es cuando proviene de quiénes conoces y aprecias, aquellos para los que eras un dechado de virtudes cuando te suponían heterosexual y ahora que saben que no lo eres, artículan todas las frases referidas a ti y tu (desviada) orientación con el esquema del "sí pero...".

Puede que esté ya muy curtida en combates dialécticos con homófobos de púlpito y sotana o mechas rubias y collar de perlas. No así cuando bajo una máscara de (dudosa) comprensión y (soberbia) tolerancia me hablan de "mi mundo" como si yo habitara un planeta distinto. Y aún más cuando achacan mis posibles problemas vitales y personales a mi empeño en moverme por ese "mundo" que, a juzgar por sus palabras, pareciera salido de una película de terror.

Intento que me resbale, intento que no me afecte pero hay momentos en los que se llega a hacer muy difícil pasar por alto tanta estupidez.

2 comentarios:

lunares dijo...

Creo que las guerras que más duelen son las más próximas. Las pequeñas.
Esas pequeñas batallas que aparecen en tus lugares.
Son tan cansinas.

Nanaho dijo...

Y lo que queda por hacer...