lunes 11 de mayo de 2009

Terminator: The Sarah Connor Chronicles (y II)

Una vez leí, al hilo del resurgimiento de la ficción televisiva, que el equivalente en literatura a las películas era el relato corto (en contra de la suposición general, puesto que la mayoría de las veces las películas están basadas en libros) mientras que las series estarían más cerca de la estructura de una novela. Pensándolo un poco no podría estar más de acuerdo con la analogía.

En una película, al igual que en un relato corto, todo tiene (o debería) estar medido al milímetro para que al final todas las piezas encajen. No hay tiempo para regodearse en cuestiones secundarias ni ahondar demasiado en aspectos que no tengan que ver con la trama principal. Las novelas y las series, por el contrario, son historias de largo recorrido. Permiten desacelerar la acción y observar el paisaje. Es mucho más fácil encariñarse con los personajes, incluso llegar a conocerlos de un modo más profundo. De ahí que la identificación con ellos sea a largo plazo pero más permanente.

Hoy en día se ha llegado a un punto en que las series de televisión han dejado de ser la prima fea y pobre de las películas. Se han crecido y le han plantado cara a la supremacía del largometraje y, en muchas ocasiones, demuestran ser mejores. Antes, lo normal era llevar al cine una serie de éxito. Ahora, cada vez más, se adaptan para televisión historias que han nacido en el cine.

Si digo que Terminator: The Sarah Connor Chronicles supera y mejora la saga de películas de Arnold Schhwarzenegger a muchos les parecerá un sacrilegio pero para mí es así. La serie no sólo ahonda en los personajes muchísimo más de lo que se pudo hacer en las películas (en donde, no nos engañemos, estaban solamente esbozados) sino que reinventa toda la mitología que en las películas sólo nos explicaban con cuatro trazos.

Pero no sólo recomendaría ver la serie por haber sido capaz de crear un universo a la altura de la saga cinematográfica. Ni por mostrar un retrato de los personajes mucho más conseguido y veraz que en los filmes. Quien vea en ella una serie de acción y violencia no está muy equivocado. No obstante esa es sólo una lectura superficial de las muchas que ofrece.

Terminator: The Sarah Connor Chronicles (y aquí habrá muchas que se me tiren al cuello) es una serie feminista. Una serie en la que las mujeres y la representación de las mujeres son las que llevan la voz cantante. El personaje de Sarah Connor es la matriarca y germen de toda la historia. Sin ella nada sería posible. Es el eje central. Mucho más importante que su hijo, aunque nos quieran vender lo contrario.

En la primera película Sarah era inocente, una chica como tantas. En la segunda era una violenta guerrera, paranoica extrema y enemiga acérrima de la tecnología. Una mujer que no necesitaba de ningún hombre (real o representación) para llevar a cabo sus planes. Una mujer que había modificado y “masculinizado” su cuerpo para estar a la altura de las circunstancias. Una heroína de carne y hueso (si alguien tiene ganas, que googlee “cyborg” y “feminismo” para saber más).

En la serie podemos descubrir más facetas del personaje de Sarah Connor. Incluso podemos descubrir que es humana, que duda, que no expone abiertamente su vulnerabilidad pero que tampoco la esconde. Su papel de matriarca y madre del futuro líder (aunque reconozco que la auténtica vuelta de tuerca sería que ese líder fuera una hipotética Jane Connor en lugar del ya conocido John Connor) es una de las aristas más importantes. La determinación de (casi) cualquier madre para proteger a un hijo o una hija es lo que, a la postre, le da más fuerza. Quizá uno de los pocos instintos que conserva la raza humana.

Tal vez una de las razones por las que la serie no ha acabado de funcionar es porque muestra un espectro de personajes en el que son las mujeres las que actúan, lideran y demuestran mayor fortaleza física y emocional con respecto a sus compañeros masculinos. No hay un “macho alfa” que las supere, domine o por el que pierdan los papeles. El triángulo protagonista se compone de una mujer y una representación de mujer (porque no olvidemos que, aunque se tienda a identificarlos como masculinos, los robots NO tienen género sino que REPRESENTAN pertenecer al masculino o femenino) protegiendo a un chaval adolescente. Y Sarah Connor o la terminatrix Cameron no son las únicas. Catherine Weaver, otra terminatrix con un papel relevante en la historia, o Jesse Flores, guerrera de la resistencia en el futuro, demuestran su independencia y fortaleza en una historia en la que los hombres llegan a ser meras comparsas.


Porque los hombres en TSCC se muestran desorientados, vulnerables e incluso emotivos (característica que siempre ha sido intrínseca a las mujeres). John Connor está todavía lejos de mostrar las dotes que le convertirán en líder (aunque al final de la segunda temporada comience a mostrar signos de evolución). Charley Dixon es el amante abandonado de Sarah que, en el fondo, no parece haber superado la ruptura. Derek Reese, hermano de Kyle Reese y tío de John, tiende a la mezquindad y carece de carisma. James Ellison, escéptico agente del FBI que deviene en “creyente”, termina por no saber muy bien lo que hace ni en qué bando está. Todos
ellos están perdidos mientras que las mujeres que los rodean saben muy bien cuál es su cometido.

A tenor de este panorama puedo incluso llegar a entender por qué es muy probable que el público masculino haya dado la espalda al show. Y es que se suponía que el público objetivo era el masculino puesto que la saga de Terminator fue un exceso de testosterona. Y porque, en última instancia, a ese público le puede gustar que una mujer (una mujer sexy y con curvas) reparta estopa pero lo que quiere ver es que al final esa misma mujer sea salvada por el héroe. Y aquí no hay héroes masculinos ni personajes femeninos que necesiten ser salvados. Más bien al contrario, es John Connor, el supuesto héroe en el futuro, el que necesita ser protegido y salvado en todo momento.

No es de extrañar, entonces, que finalmente el público que mejor ha acogido la serie haya sido el femenino y, siendo más concreta, el público lésbico. Primero, porque
Sarah Connor ha sido, desde su aparición en el imaginario colectivo, un icono lésbico por derecho propio (ahondaré más en este tema en próximos posts). Segundo, porque Lena Headey (actriz que ha debido de retar a Angelina Jolie a una carrera por ser la más tatuada de Hollywood) también lo es merced a su interpretación de papeles lésbicos o “sospechosos” en varias películas anteriormente. Tercero, por toda esa presentación e importancia de papeles femeninos fuertes y dominantes de los que hablaba antes.

Ya alejándonos del probable discurso feminista, otro de los puntos que más me han cautivado, y que en las películas sólo se insinuaban, es el concerniente a los propios Terminators. Desde la creación de IA que realmente funcionen como el pensamiento humano hasta la tesis de que cada Terminator es único aunque compartan los mismos elementos (incluso el mismo aspecto físico). Y, lo más arriesgado, dotar a esos mismos Terminators de alma. ¿Cómo puede un ser artificial tener sentimientos y emociones?

Pero eso es lo que se insinúa desde el primer momento, en el que queda bien patente la tensión sexual existente entre John Connor y Cameron. Y en la propia “evolución” que la terminator Cameron sufre a lo largo de la historia. Porque nos encontramos con que esta cyborg comienza a tener lo que parecen ser emociones humanas: instinto de supervivencia, apreciación de la belleza, preocupación por su propia extinción e incluso vínculos afectivos. Del mismo modo que es interesante cuando se muestra que Cameron fue creada a imagen y semejanza de una humana vinculada con John (aunque quizá aquí muchos se perdieran si desconocían la teoría de que algunos recuerdos del ser humano podrían estar inscritos en el ADN) y cómo, tiempo después, los recuerdos de esa humana interfieren con los suyos haciéndola olvidar su condición de máquina. Por no obviar tampoco el continuo aprendizaje y cómo acaba teniendo iniciativas y vida propia al margen de la misión que tiene asignada (excelente capítulo el 2x11: Self made man).

En cuanto a los aspectos más formales de la serie, lejos de ser sobresaliente, mantienen un nivel más que aceptable. Los guiones son más consistentes de lo que un visionado superficial hace parecer. El score, lejos de basarse en el famoso Terminator’s theme de Brad Fiedel, parte de cero creando una identidad propia y apoya a la perfección las escenas. La interpretación del trío protagonista es sólida (mención aparte merece el acentazo yanqui de la británica Lena Headey) siendo quizá los secundarios los que más flojeen. El resultado final para mí es más que satisfactorio. Hasta el punto de que ha sido la única serie que he vuelto a ver de principio a fin y aún así me ha dejado con ganas de más.

El porqué de que haya series aceptables que se cancelen (por baja audiencia) cuando tienen un buen nivel mientras que otras, bastante más flojas, continúen en parrilla (con buenas audiencias) para mí sigue siendo un misterio. Heroes ha tenido una pésima tercera temporada (y pésimas audiencias) y ha sido renovada para una cuarta. Prison Break se ha alargado como un chicle Boomer (también con pésimas audiencias) cuando debía de haber sido serie de una única temporada. Lost (con cada vez menos audiencia) vuelve locos a sus seguidores con saltos en el tiempo y temporadas que crean más interrogantes (y ansiedad) de los que solucionan. Y estas, como muchas otras, se mantienen o se han mantenido mientras que otras se han visto abruptamente canceladas (se me viene a la cabeza New Amsterdam, que mereció, al menos, haber tenido una temporada completa o Kyle XY, que se ha quedado sin final).

Aunque aún queda una pequeña oportunidad para TSCC en los upfronts del 18 de mayo, la cancelación definitiva, para muchos, está cantada (incluso pese a haber barrido en las encuestas del “Save one show”). La season finale parece haber sido también la series finale. Y a los que nos ha gustado la serie nos quedará el regusto amargo de ver cómo un buen producto televisivo (otro más) se queda inconcluso cuando podría haber dado mucho más de sí.

Para quién le haya picado la curiosidad puede verla online aquí. Primera temporada doblada al español, segunda en V.O. con subtítulos en español (sin duda la mejor opción, el doblaje es incluso doloroso).

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Aunque estoy de acuerdo en la mayoría de lo que dices hay cosas en las que discrepo, los secundarios no son flojos, Dillahunt hace un excelente papel doble (Cromartie y J.Henry especialmente el último)

Ellison me parece estupendo también, además de ser el único personaje masculino fuerte de la serie.

Y aunque adoro a Lena, lo siento pero me quedo con Summer Glau que allá donde actúa se convirte en el vórtice de la serie o película correspondiente. Esta chica es algo excepcional, una actriz única en sus características que igual borda escenas de acción (lucha en el bar en la película Serenity) que te destroza el corazón en una escena dramática (incluso a hombres crecidos y no especialmente sensibles como un servidor)

Veremos mucho más de ella en adelante, no lo dudes.

Libertad Morán dijo...

Cierto, Anónimo, la actuación de Summer Glau es brillante. Muchos piensan que es fácil interpretar a un robot pero es más difícil de lo que parece. No puede tener ningún gesto ni tick humano y sus movimientos tienen que ser muy rígidos. Aparte de que tiene una presencia (al menos en la serie) que a veces me acojonaba más que la de otros terminator (incluidos los de las películas).

No he visto aún "Firefly" (la tengo pendiente) así que puedo juzgar su trabajo allí. Sin embargo creo que aún tiene poco rodaje como actriz. Ya veremos qué ocurre con ella. Lena Headey, en cambio, creo que tiene un registro más amplio (aparte de una dilatada carrera).

En cuanto a Garret Dillahunt, lo siento, ahí discrepo. No le veo carisma alguno. Quizá como John Henry tiene su gracia pero como Cromartie no me daba ningún miedo...

Anónimo dijo...

No seré yo el que inicie un conflicto cuyo centro sea la preferencia entre Summer Glau y Lena Headey. Me encantan las dos, creo que Lena hace un estupendo papel como Sarah Connor, hasta el punto de no echar de menos a Linda Hamilton en ningún momento (que no es poco).

Pero Summer Glau, aunque relativamente novicia en efecto, tiene ese noseque que no sé que tiene Summer Glau,desde luego como robot lo borda, pero hay escenas como por ejemplo las del capítulo 4 de la segunda temporada (Allison from palmdale) en la que demuestra su tremenda capacidad dramática, para mi gusto a la altura de una Meryl Streep, pero sin sobreactuar, más cercano, más creíble.

Si te gustan las series de ciencia ficción bien escritas, con personajes conflictivos y definitivamente "grises" y con un punto rebelde y anti lo políticamente correcto te recomiendo que veas firefly lo antes posible, también te sorprenderán las elevadas dosis de humor inteligente.

Definitivamente algo se mueve en la televisión de unos pocos años para acá. Debe ser la influencia de la red, que amenaza con arrasar con todos los otros medios audiovisuales.