Hay gays a los que no les gusta el ambiente gay. Del mismo modo hay escritores a los que no les gustan los ambientes literarios. A decir verdad yo tengo una postura ambivalente hacia ambos “ecosistemas”. Por un lado me atraen irremisiblemente, por otro los critico con ferocidad y alevosía. Sin embargo, siempre acabo volviendo a ellos.
Hoy me he pasado por
Primero, es un baño de multitudes para el autor que se lo puede tomar con una inmensa egolatría o con la más humilde de las actitudes. En el caso de Leonardo Oyola ha sido esta última. Y no deja de ser entrañable ver a un tipo de aspecto rudo (cabeza rapada, sin afeitar y, por lo que han comentado, lleno de tatuajes) emocionarse ante la presencia del público y acabar el acto diciendo: “No se muevan que voy a hacerles una foto porque mi mamá no se acaba de creer que he venido a España a presentar mi libro”.
Segunda razón: Ver y dejarse ver. La mayor parte del público que acude a las presentaciones literarias pertenece al sector. Esto es, aquello se llena de autores, editores y demás personajes vinculados al mundillo. Cuanto más gente conozcas, mejor. Y cuanto más te vean, aún mejor. Si tienes cierta habilidad con las relaciones públicas, estarás en tu salsa. Si no la tienes, más te vale que la desarrolles.
Tercera (y primordial): Irse de cañas/tapas/copas. Reconozcámoslo, una presentación no deja de ser una celebración social. Y con lo dados que somos los españolitos a la juerga, ¿qué mejor excusa para acodarnos en la barra de los bares, refrescarnos el gaznate con zumo de cebada o bebidas destiladas y mantener interesantísimas y trascendentalísimas conversaciones acerca del arte, la literatura, lo divino y lo humano mientras nos miramos el ombligo?


