(Ante la ausencia de Doña Inspiración —Ismael Álvarez dixit— rescato un artículo publicado hace unos años en uno de mis antiguos blogs omitiendo algunos detalles que ahora no vienen al caso.)
Hace ya un tiempo vi una película titulada Kinsey, del director que, tiempo atrás, dirigiera Dioses y Monstruos, Bill Condon. Yo, que había oído comentarios de que era un poco pestiño, larga y no demasiado buena, empecé a verla con actitud escéptica. Pero la primera media hora me atrapó y me sorprendió por lo divertido que, en algunos momentos, llegaba a resultar al poner de relieve la ignorancia sexual de yanquilandia.
El resultado final me pareció correcto. Aunque no ahonda tanto como debiera en la separación o no separación entre sexo y sentimientos y los problemas que de ahí pueden derivar. Como tampoco lo hace en el tema de la homosexualidad tanto como esperaba cuando fue justamente eso lo que levantó más ampollas en la América del macarthismo y la caza de brujas. El lesbianismo aparece representado casi al final por el personaje de una cincuentona recién salida del armario (aunque la expresión entonces no se había acuñado aún) que le agradece a Kinsey lo que ha hecho. Y la pinícula acaba con un esperanzador punto y final en el que el Dr. Kinsey le dice a su mujer en medio de un bosque: Aún queda mucho por hacer…
Tras verla estuve reflexionando acerca de la historia y me vino a la mente un documental del programa Redes emitido hace mucho tiempo ya que encontré vía eMule. El documental, aunque con un comienzo prometedor, aborda el tema de la homosexualidad desde la psicobiología y la genética. Es decir, la homosexualidad surge por un exceso de las hormonas indebidas durante el embarazo y por cuestiones neuronales, un segmento del hipotálamo llamado N13 que es considerablemente inferior en el caso de mujeres heterosexuales y hombres homosexuales (de las lesbianas no dicen nada ya que admiten que apenas hemos sido objeto de estudio).
Los primeros estudios que leí acerca del tema (aunque algunos datan de hace más de quince años) ya empezaban a remarcar esa diferencia entre los hipotálamos del varón heterosexual respecto del homosexual pero los primeros detractores de esta teoría señalaron que las pruebas se habían realizado con cerebros de varones gays que habían fallecido a causa del SIDA por lo que no se podía saber si esa peculiaridad se debía a su homosexualidad o a la enfermedad. Como no he vuelto a leer nada de este tema, si alguien tiene más datos, que me lo haga saber.
De todas formas, tanto ahora como entonces, me parece muy peligroso asociar la homosexualidad con la genética. Si se llegase a demostrar que la homosexualidad es una cuestión derivada de un “fallo” genético u hormonal podría querer decir que es algo que, vistas como están las cosas y en un futuro no muy lejano, se podría llegar a modificar. Me imagino a la Iglesia, la derecha conservadora y todos los fascistoides que se han manifestado en contra de la experimentación con células madre, animando y subvencionando todo estudio o experimento que pudiera llevar a los científicos a lograr una “cura” de semejante enfermedad.
Aunque no niego que factores genéticos y hormonales puedan aportar su granito de arena a la hora de “crear” a una persona homosexual, ese descubrimiento no aclara otras muchas cuestiones, tanto o más importantes.
Primero, yo no creo ni en la heterosexualidad ni en la homosexualidad exclusiva. Y eso ya lo descubrió Kinsey con su famosa escala. En el 0 y en el 7 se situarían homos y heteros exclusivos (que son menos de lo que alguna gente se piensa) y entre medias se encontraría el resto de la población que se mueve entre dos aguas aunque de cara a la galería afirme pertenecer a uno u otro bando. Por lo que hablar de que genes y hormonas a veces “crean” homosexuales (entendiendo como homosexual el que lo es en exclusiva) me parece una afirmación del todo errónea.
Segundo, en mi opinión y por mi experiencia directa o indirecta no creo en la “homosexualidad innata”. A la vieja pregunta de: “El maricón, ¿nace o se hace?” la respuesta es: “Depende del caso”. Todos sabemos que hay gente que tarda lustros (incluso décadas) en asumir o descubrir su propia homosexualidad mientras que otros lo tienen claro desde niños. Que hay personas que se engañan toda su vida (consciente o inconscientemente) mientras llevan una vida “heteronormal” es un estereotipo más de los muchos que hay. Pero que hay personas que a una edad más o menos tardía descubren, de repente, que se sienten atraídos física y emocionalmente por una persona de su mismo sexo tras haber llevado hasta entonces una vida heterosexual sin fisuras (que los hay, creedme que los hay) ¿cómo lo explica la genética y la biología? ¿Dónde están esas hormonas puñeteras causantes de la homosexualidad? ¿El N13 de su hipotálamo se ha visto reducido súbitamente por el fatal golpe de una bola de espejos como sucedía en una nefasta película de Menkes y Albacete protagonizada por el insoportable Jorge Sanz?
Es más, ¿cómo se explican los distintos grados de bisexualidad, las experiencias homosexuales anecdóticas en heteros y las heterosexuales en homos, la afición de hombres heterosexuales por el travestismo (sin que, en algunos casos, tenga que conllevar una homosexualidad reprimida porque si fuera así, los carnavales estarían llenos de maricas reprimidos), la increíble demanda en los anuncios de contactos de parejas heterosexuales que, por regla general, buscan jovencitas con las que montárselo (jovencitos menos, que los hombres casados son muy machos como para dejar que sus mujercitas vean como les dan por la puerta trasera), movidos, claro está, por el deseo masculino de ver a dos tías montándoselo y luego poner el colofón pero, también, aunque no lo digan tanto, por el propio morbo de las esposas que se mueren de ganas por hacerlo con otra mujer, les vea el marido o no? ¿Cómo se explica la homosexualidad en todos esos supuestos? Me temo que los científicos todavía se mueven demasiado en términos absolutos como para dar una explicación satisfactoria.
Pasando a otro tema que ni la película ni Kinsey tocaron pero sí el documental: la transexualidad. Un tema aún más complejo si cabe y de aún más difícil explicación. No es algo de lo que pueda hablar mucho puesto que tan sólo conozco a una transexual pero cualquier persona que tenga claros los conceptos de identidad de género y orientación sexual debería comprender sin problemas. Un transexual no es un maricón, ni un travesti, ni una drag queen. Un transexual es una persona que siente que su género (sentirse hombre o mujer) no se corresponde con los genitales y demás caracteres sexuales del cuerpo en el que ha nacido. ¡Ah! Y no sólo hay transexuales femeninos (de hombre a mujer) sino que también los hay masculinos (de mujer a hombre). Para los primeros tenemos para ilustrarnos a Bibiana Fernández en el mundo el espectáculo y a Carla Antonelli en el del activismo. Lamentablemente, para ejemplificar el segundo caso tan sólo tenemos a ese freak (y no por su transexualidad precisamente) llamado Nicky que concursó tiempo atrás en Gran Hermano.
Bueno, llegados a este punto, las mentes normales pueden llegar a entender un poquito la transexualidad. Pero si justo ahora les explicamos que hay transexuales femeninos que son lesbianas y transexuales masculinos que son gays… ¡Ufff! Me estoy imaginando a mí misma intentando explicárselo a ciertas personas y las veo echar humo por las orejas al borde del colapso. “¡Pero si les gusta la gente del sexo opuesto, ¿para qué coño se operan?!” es la pregunta que más veces he oído. Y nosotros, gays y lesbianas, tan tolerantes y abiertos, somos los peores a la hora de aceptar esto y los que más transfobia generamos. Como ya he dicho antes, si se tienen claros los conceptos de género y orientación, no debería ser tan difícil.
Veamos, yo NACÍ mujer, me SIENTO mujer, estoy a gusto con mis genitales y atributos (aunque ahora los use menos que el telégrafo) y mi deseo sexual se dirige —por lo general— hacia las mujeres (previo paso por otro tipo de status). Simple, ¿no? Otro sujeto NACE hombre, se SIENTE mujer, se opera (o no) para serlo y , tanto antes como después dirige su DESEO SEXUAL hacia las mujeres (o la inversa, se NACE mujer, se SIENTE hombre, se opera o no y se siente atraído hacia los hombres). También es sencillo, ¿no?
Pero no soy ilusa ni ingenua. Si todavía a mucha gente le cuesta aceptar el hecho homosexual, la transexualidad les debe sonar a capricho del diablo. Por desgracia y para rabia mía, justamente los que más podríamos hacer para que el hecho transexual mejorase somos también los que más impedimentos ponemos.
Desde hace ya mucho tiempo estoy viendo cómo se alzan algunas voces dentro del colectivo gay (algunas con relativa importancia dentro del mismo y muy cercanas a mí) que piden, furiosos, que se separe la causa gay de la trans, que una cosa es ser gay y otra cosa muy distinta transexual (y creo que antes ya lo he explicado con claridad). A estos señores (en su gran mayoría hombres gays y, ¡oh, casualidad! con una buena posición dentro del ambiente) parece asquearles sobremanera que los comparen con los transexuales y piden a gritos la separación de los trans en los colectivos. ¡Hala! ¡Que se monten sus propios colectivos! ¡Que salgan a la calle a reivindicar sus derechos otro día que no sea el 28 de junio! ¡Que dejen de ensuciar nuestra impoluta imagen de gays “normales”, políticamente correctos (y, muchos, de derechas), que ahora somos también ciudadanos de primera porque nos podemos casar y no nos miran (tan) mal por la calle!
La población gay se ha acomodado (sobre todo la masculina, porque la problemática lésbica es harina de otro costal). Y no sólo desde que se aprobó el matrimonio. No, desde mucho tiempo antes. Desde que Madrid (Chueca) o Barcelona (Gaixample) comenzaron a acoger a esos gays que huían de familias represoras y que, a la postre, han acabado creando una burbuja rosa en la que vivir confortablemente, dando la espalda a todo lo que no sea su realidad. Desde que ser gay es lo más. Desde que un gay que responde a esas características de hombre guapo, sin pluma y modélicamente perfecto es aclamado como el comunicador con más prestigio y aceptación de la televisión (y que conste que a mí Jesús Vázquez me cae bastante bien). Desde que somos el primer país en equiparar totalmente las uniones civiles homosexuales a las heterosexuales (sí, ya sabéis, esa palabra heredada de la tradición católica, matrimonio). Desde que todo es tan de color de rosa como el triángulo que les ponían en el brazo a los maricas de los campos de concentración nazis (¿acaso han olvidado que la mayor parte de nuestra simbología deriva directamente del sufrimiento, el rechazo y el dolor? ¿acaso han olvidado la HISTORIA?). Desde que parece que todo está conseguido y lo único que queda es sentarse a disfrutar. Desde que pienso que ellos viven en un mundo distinto al mío y creo que el suyo es irreal e infantil.
Pues bien, señores gays amigos de lo políticamente correcto y poco amigos de dejarse ver en público con una persona trans (aunque en privado sé que más de uno no le hace ascos a según qué cosas), al igual que el movimiento feminista le debe mucho a las mujeres lesbianas que lo levantaron desde su base, el colectivo gay le debe mucho a los transexuales. Ell@s son los que, por sus circunstancias, más obligados se han visto a dar la cara, no sólo por ell@s sino por tod@s nosotr@s. Porque, si hacemos caso a la leyenda, fue precisamente un transexual el primero en plantar cara en las míticas revueltas de Stonewall en 1969. Porque ellos se han llevado tantos palos o más que nosotr@s para que, al final, siempre sean injustamente olvidad@s. Porque en las siglas GLTB, la T hace referencia a ell@s. Porque no olvidemos que el 28 de junio es el día en que gays, lesbianas, bisexuales y transexuales salimos a la calle a reivindicar unos derechos que hemos ido conquistando poco a poco pero que no todos tienen todavía y también (aunque muchos lo olviden o ni siquiera lo sepan) a recordar toda una historia de persecución, discriminación e infamia que hemos venido arrastrando.
Porque, amigos míos con los que tantas veces he bailado y tomado copas, el 28 de junio no nos pertenece en exclusiva. El 28 de junio se reivindica la LIBERTAD SEXUAL de ser como cada uno quiera y sienta ser y eso incluye a gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales y, por supuesto, también a los y las transexuales. Porque todos, y no sólo ustedes, tenemos derecho a ser libres con nuestra identidad, nuestro género y nuestra sexualidad.
Pues sí, Dr. Kinsey, como usted decía: Aún queda mucho por hacer...
Hace ya un tiempo vi una película titulada Kinsey, del director que, tiempo atrás, dirigiera Dioses y Monstruos, Bill Condon. Yo, que había oído comentarios de que era un poco pestiño, larga y no demasiado buena, empecé a verla con actitud escéptica. Pero la primera media hora me atrapó y me sorprendió por lo divertido que, en algunos momentos, llegaba a resultar al poner de relieve la ignorancia sexual de yanquilandia.
El resultado final me pareció correcto. Aunque no ahonda tanto como debiera en la separación o no separación entre sexo y sentimientos y los problemas que de ahí pueden derivar. Como tampoco lo hace en el tema de la homosexualidad tanto como esperaba cuando fue justamente eso lo que levantó más ampollas en la América del macarthismo y la caza de brujas. El lesbianismo aparece representado casi al final por el personaje de una cincuentona recién salida del armario (aunque la expresión entonces no se había acuñado aún) que le agradece a Kinsey lo que ha hecho. Y la pinícula acaba con un esperanzador punto y final en el que el Dr. Kinsey le dice a su mujer en medio de un bosque: Aún queda mucho por hacer…
Tras verla estuve reflexionando acerca de la historia y me vino a la mente un documental del programa Redes emitido hace mucho tiempo ya que encontré vía eMule. El documental, aunque con un comienzo prometedor, aborda el tema de la homosexualidad desde la psicobiología y la genética. Es decir, la homosexualidad surge por un exceso de las hormonas indebidas durante el embarazo y por cuestiones neuronales, un segmento del hipotálamo llamado N13 que es considerablemente inferior en el caso de mujeres heterosexuales y hombres homosexuales (de las lesbianas no dicen nada ya que admiten que apenas hemos sido objeto de estudio).
Los primeros estudios que leí acerca del tema (aunque algunos datan de hace más de quince años) ya empezaban a remarcar esa diferencia entre los hipotálamos del varón heterosexual respecto del homosexual pero los primeros detractores de esta teoría señalaron que las pruebas se habían realizado con cerebros de varones gays que habían fallecido a causa del SIDA por lo que no se podía saber si esa peculiaridad se debía a su homosexualidad o a la enfermedad. Como no he vuelto a leer nada de este tema, si alguien tiene más datos, que me lo haga saber.
De todas formas, tanto ahora como entonces, me parece muy peligroso asociar la homosexualidad con la genética. Si se llegase a demostrar que la homosexualidad es una cuestión derivada de un “fallo” genético u hormonal podría querer decir que es algo que, vistas como están las cosas y en un futuro no muy lejano, se podría llegar a modificar. Me imagino a la Iglesia, la derecha conservadora y todos los fascistoides que se han manifestado en contra de la experimentación con células madre, animando y subvencionando todo estudio o experimento que pudiera llevar a los científicos a lograr una “cura” de semejante enfermedad.
Aunque no niego que factores genéticos y hormonales puedan aportar su granito de arena a la hora de “crear” a una persona homosexual, ese descubrimiento no aclara otras muchas cuestiones, tanto o más importantes.
Primero, yo no creo ni en la heterosexualidad ni en la homosexualidad exclusiva. Y eso ya lo descubrió Kinsey con su famosa escala. En el 0 y en el 7 se situarían homos y heteros exclusivos (que son menos de lo que alguna gente se piensa) y entre medias se encontraría el resto de la población que se mueve entre dos aguas aunque de cara a la galería afirme pertenecer a uno u otro bando. Por lo que hablar de que genes y hormonas a veces “crean” homosexuales (entendiendo como homosexual el que lo es en exclusiva) me parece una afirmación del todo errónea.
Segundo, en mi opinión y por mi experiencia directa o indirecta no creo en la “homosexualidad innata”. A la vieja pregunta de: “El maricón, ¿nace o se hace?” la respuesta es: “Depende del caso”. Todos sabemos que hay gente que tarda lustros (incluso décadas) en asumir o descubrir su propia homosexualidad mientras que otros lo tienen claro desde niños. Que hay personas que se engañan toda su vida (consciente o inconscientemente) mientras llevan una vida “heteronormal” es un estereotipo más de los muchos que hay. Pero que hay personas que a una edad más o menos tardía descubren, de repente, que se sienten atraídos física y emocionalmente por una persona de su mismo sexo tras haber llevado hasta entonces una vida heterosexual sin fisuras (que los hay, creedme que los hay) ¿cómo lo explica la genética y la biología? ¿Dónde están esas hormonas puñeteras causantes de la homosexualidad? ¿El N13 de su hipotálamo se ha visto reducido súbitamente por el fatal golpe de una bola de espejos como sucedía en una nefasta película de Menkes y Albacete protagonizada por el insoportable Jorge Sanz?
Es más, ¿cómo se explican los distintos grados de bisexualidad, las experiencias homosexuales anecdóticas en heteros y las heterosexuales en homos, la afición de hombres heterosexuales por el travestismo (sin que, en algunos casos, tenga que conllevar una homosexualidad reprimida porque si fuera así, los carnavales estarían llenos de maricas reprimidos), la increíble demanda en los anuncios de contactos de parejas heterosexuales que, por regla general, buscan jovencitas con las que montárselo (jovencitos menos, que los hombres casados son muy machos como para dejar que sus mujercitas vean como les dan por la puerta trasera), movidos, claro está, por el deseo masculino de ver a dos tías montándoselo y luego poner el colofón pero, también, aunque no lo digan tanto, por el propio morbo de las esposas que se mueren de ganas por hacerlo con otra mujer, les vea el marido o no? ¿Cómo se explica la homosexualidad en todos esos supuestos? Me temo que los científicos todavía se mueven demasiado en términos absolutos como para dar una explicación satisfactoria.
Pasando a otro tema que ni la película ni Kinsey tocaron pero sí el documental: la transexualidad. Un tema aún más complejo si cabe y de aún más difícil explicación. No es algo de lo que pueda hablar mucho puesto que tan sólo conozco a una transexual pero cualquier persona que tenga claros los conceptos de identidad de género y orientación sexual debería comprender sin problemas. Un transexual no es un maricón, ni un travesti, ni una drag queen. Un transexual es una persona que siente que su género (sentirse hombre o mujer) no se corresponde con los genitales y demás caracteres sexuales del cuerpo en el que ha nacido. ¡Ah! Y no sólo hay transexuales femeninos (de hombre a mujer) sino que también los hay masculinos (de mujer a hombre). Para los primeros tenemos para ilustrarnos a Bibiana Fernández en el mundo el espectáculo y a Carla Antonelli en el del activismo. Lamentablemente, para ejemplificar el segundo caso tan sólo tenemos a ese freak (y no por su transexualidad precisamente) llamado Nicky que concursó tiempo atrás en Gran Hermano.
Bueno, llegados a este punto, las mentes normales pueden llegar a entender un poquito la transexualidad. Pero si justo ahora les explicamos que hay transexuales femeninos que son lesbianas y transexuales masculinos que son gays… ¡Ufff! Me estoy imaginando a mí misma intentando explicárselo a ciertas personas y las veo echar humo por las orejas al borde del colapso. “¡Pero si les gusta la gente del sexo opuesto, ¿para qué coño se operan?!” es la pregunta que más veces he oído. Y nosotros, gays y lesbianas, tan tolerantes y abiertos, somos los peores a la hora de aceptar esto y los que más transfobia generamos. Como ya he dicho antes, si se tienen claros los conceptos de género y orientación, no debería ser tan difícil.
Veamos, yo NACÍ mujer, me SIENTO mujer, estoy a gusto con mis genitales y atributos (aunque ahora los use menos que el telégrafo) y mi deseo sexual se dirige —por lo general— hacia las mujeres (previo paso por otro tipo de status). Simple, ¿no? Otro sujeto NACE hombre, se SIENTE mujer, se opera (o no) para serlo y , tanto antes como después dirige su DESEO SEXUAL hacia las mujeres (o la inversa, se NACE mujer, se SIENTE hombre, se opera o no y se siente atraído hacia los hombres). También es sencillo, ¿no?
Pero no soy ilusa ni ingenua. Si todavía a mucha gente le cuesta aceptar el hecho homosexual, la transexualidad les debe sonar a capricho del diablo. Por desgracia y para rabia mía, justamente los que más podríamos hacer para que el hecho transexual mejorase somos también los que más impedimentos ponemos.
Desde hace ya mucho tiempo estoy viendo cómo se alzan algunas voces dentro del colectivo gay (algunas con relativa importancia dentro del mismo y muy cercanas a mí) que piden, furiosos, que se separe la causa gay de la trans, que una cosa es ser gay y otra cosa muy distinta transexual (y creo que antes ya lo he explicado con claridad). A estos señores (en su gran mayoría hombres gays y, ¡oh, casualidad! con una buena posición dentro del ambiente) parece asquearles sobremanera que los comparen con los transexuales y piden a gritos la separación de los trans en los colectivos. ¡Hala! ¡Que se monten sus propios colectivos! ¡Que salgan a la calle a reivindicar sus derechos otro día que no sea el 28 de junio! ¡Que dejen de ensuciar nuestra impoluta imagen de gays “normales”, políticamente correctos (y, muchos, de derechas), que ahora somos también ciudadanos de primera porque nos podemos casar y no nos miran (tan) mal por la calle!
La población gay se ha acomodado (sobre todo la masculina, porque la problemática lésbica es harina de otro costal). Y no sólo desde que se aprobó el matrimonio. No, desde mucho tiempo antes. Desde que Madrid (Chueca) o Barcelona (Gaixample) comenzaron a acoger a esos gays que huían de familias represoras y que, a la postre, han acabado creando una burbuja rosa en la que vivir confortablemente, dando la espalda a todo lo que no sea su realidad. Desde que ser gay es lo más. Desde que un gay que responde a esas características de hombre guapo, sin pluma y modélicamente perfecto es aclamado como el comunicador con más prestigio y aceptación de la televisión (y que conste que a mí Jesús Vázquez me cae bastante bien). Desde que somos el primer país en equiparar totalmente las uniones civiles homosexuales a las heterosexuales (sí, ya sabéis, esa palabra heredada de la tradición católica, matrimonio). Desde que todo es tan de color de rosa como el triángulo que les ponían en el brazo a los maricas de los campos de concentración nazis (¿acaso han olvidado que la mayor parte de nuestra simbología deriva directamente del sufrimiento, el rechazo y el dolor? ¿acaso han olvidado la HISTORIA?). Desde que parece que todo está conseguido y lo único que queda es sentarse a disfrutar. Desde que pienso que ellos viven en un mundo distinto al mío y creo que el suyo es irreal e infantil.
Pues bien, señores gays amigos de lo políticamente correcto y poco amigos de dejarse ver en público con una persona trans (aunque en privado sé que más de uno no le hace ascos a según qué cosas), al igual que el movimiento feminista le debe mucho a las mujeres lesbianas que lo levantaron desde su base, el colectivo gay le debe mucho a los transexuales. Ell@s son los que, por sus circunstancias, más obligados se han visto a dar la cara, no sólo por ell@s sino por tod@s nosotr@s. Porque, si hacemos caso a la leyenda, fue precisamente un transexual el primero en plantar cara en las míticas revueltas de Stonewall en 1969. Porque ellos se han llevado tantos palos o más que nosotr@s para que, al final, siempre sean injustamente olvidad@s. Porque en las siglas GLTB, la T hace referencia a ell@s. Porque no olvidemos que el 28 de junio es el día en que gays, lesbianas, bisexuales y transexuales salimos a la calle a reivindicar unos derechos que hemos ido conquistando poco a poco pero que no todos tienen todavía y también (aunque muchos lo olviden o ni siquiera lo sepan) a recordar toda una historia de persecución, discriminación e infamia que hemos venido arrastrando.
Porque, amigos míos con los que tantas veces he bailado y tomado copas, el 28 de junio no nos pertenece en exclusiva. El 28 de junio se reivindica la LIBERTAD SEXUAL de ser como cada uno quiera y sienta ser y eso incluye a gays, lesbianas, bisexuales, heterosexuales y, por supuesto, también a los y las transexuales. Porque todos, y no sólo ustedes, tenemos derecho a ser libres con nuestra identidad, nuestro género y nuestra sexualidad.
Pues sí, Dr. Kinsey, como usted decía: Aún queda mucho por hacer...


7 comentarios:
No te jode... Donde estaría este movimiento sin Sylvia Rivera, que por cierto fue maltratada y traicionada por lso defensores de lo "gay" que buscaban aceptación social por encima de cualquier otra consideración. Y eso es nada, este año de la visibilidad lésbica por parte de una buena representación de ese grupo que describes también tuvimos que oir que las lesbianas debían montar tienda aparte porque nuestra lucha no era la misma y era injusto que el Orgullo este año fuera lésbico. Al menos en USA con las protestas por la proposición 8 algunos movimientos están dejando claro que de poco ha servido dejar gente en el camino y sacrificar principios por la tan cacareada "integración" y cuando gritan "good bye nice gay" están dejando claro que renunciar al espiritu de stonewall no ha servido de nada y urge rescatarlo. Porque la buena señora heterosexual que ve a Ellen y hasta le cae bien con su pinta de chica buena y conservadora y su mujer de rostro angelical, cuando ha salido a votar "con todo el cariño del mundo" le ha negado el derecho a casarse porque en "alguna parte hay que poner el límite", frasecita muy usada por los que sin ser abiertamente homófobos justificaron su voto a la proposición 8...
Qué casualidad, porque justo ayer me acabé de leer el ensayo "Transgresoras", de Alaska, y el tramo final lo dedica a las transexuales que han pasado de hombres a mujeres (el caso inverso apenas lo comenta de pasada porque, muy acertadamente, considera que debería incluirse como mucho en un hipotético "Transgresores"). Y digo qué casualidad porque comentaba el caso de transexuales femeninas (o sea, con cuerpo de mujer) que eran lesbianas... y fue un tema que me chocó, básicamente porque nunca tuve tanta "imaginación" como para pensar que pudiera ocurrir algo así. Luego, claro, lo estuve pensando y me pareció algo perfectamente lógico en los casos en que se dé, pero de entrada no pude evitar que me descolocara un poco el concepto. La verdad es que todo lo que cuentas es muy interesante y nos podríamos tirar horas comentándolo. Al final, resultará que uno es gay o lesbiana por lo que haya comido de pequeño/a... manda huevos.
Por cierto, a Kurt Cobain me lo olvidé intencionadamente. Porque a pesar de que le tengo mucho respeto y cariño, y a su viuda la adoro por múltiples razones, considero que se trata de un suicidio con muy poco glamour. Pero es que el grunge es de muy poco glamour, por definición.
Besitos, guapa.
Pues sí, mucho por hacer, no sólo aquí, sino también en el resto del planeta, donde todavía se están cometiendo injusticias en materia de derechos humanos. Hay que seguir luchando...
Veamos... esto, como siempre, tiene diferentes escalas y es que, como no, siempre hay alguien que ejerce el monopolio, adquiere poder y subraya su posición menospreaciando a los demás que, como bien dices, estaban antaño a su lado y les ayudaron a conseguir esa posición de poder.
Si consideramos el colectivo como una microsociedad, una sociedad a escala, que es lo que suele suceder en los grupos, por pequeños que estos sean, está muy claro que a lo largo de los años se han creado diferencias de clase bastante palpables. Por supuesto, en lo alto de la pirámide tenríamos a los gays masculinos, que son los que dominan este mundillo. Les pertenece, y les pertenece por la sencilla razón de que han logrado hacerse con la mayor parte del protagonismo (no sólo social, sino también político y económico) de esta microsociedad. Después tendríamos a las lesbianas, que, por descontado, son inferiores a los gays, por mucho que se prodiguen campañas de igualdad y de visibilidad lésbica. Sabemos, porque no somos tontos, que gays y lesbianas no son todavía sectores equiparables.
Podríamos decir que las lesbianas pertenecen a la clase media. Mientras tanto, la clase media baja está compuesta por los bisexuales. A éstos, claro está, se les mira mal desde el ámbito homosexual y desde el heterosexual y se les tacha de viciosos de muchas maneras. No está bonito que un día tengas novio y cuando lo dejes te eches novia.
Ni que decir tiene que la clase baja de esta sociedad son los transexuales. Quizás porque son los que más trabas sociales encuentran y porque su problema es algo más complejo (y ya se sabe que lo de pensar, empatizar y comprender no se estila). Y así es como funciona el asunto.
Es indignante que sean los propios maricas los que discriminen del mismo modo que ellos han sido discriminados. Sí, se les olvida el dolor que han pasado, se ciegan por las posiciones que van alcanzando y el pasado da lo mismo. Es indignante que todos los integrantes de esta pirámide miren por encima del hombro a los que consideran que se encuentran debajo en la clase social. Y es indignante, hipócrita y desolador que los colectivos gays pidan que se separe su causa de la de los transexuales para que "no manchen su imagen" de clase social impoluta e integrada en la sociedad heterosexual (que me río yo de esta supuesta integración, vamos, que me parto la caja, pero ellos que piensen lo que quieran).
Nuevamente, en un principio todos éramos iguales, requeríamos la misma atención y exigíamos los mismos derechos. Entonces iba bien, claro, porque todos estábamos al mismo nivel. Y, de repente, parece que ya hemos establecido diferencias y que para sentirnos poderosos tenemos que pisotear a los que tienen menos voz y menos voto y a los más incomprendidos.
Yo me reafirmo en la idea de que sí, hay crisis económica y de eso todo el mundo habla, pero la crisis social lleva tantos años ahí, pasando desapercibida, que ya no nos la quitamos ni con agua hirviendo. Y, total, como sabes, aquí todo el mundo se acoge a la máxima de "si no es tu problema, mira para otro lado e intenta que te salpique lo menos posible".
Muy bueno tu post. Me ha encantado.
Besos.
O_oPaper... ¿eso era un comentario o un post? XDDD
...que profunda...
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